Cualquiera que se haya pasado por aquí se habrá dado cuenta que "Marnie, la ladrona" es una de mis películas favoritas. Justamente no es de las más alabadas de Alfred Hitchcock, aunque últimamente la crítica tiende a revalorizarla. Es cierto que los efectos especiales a veces dejan mucho que desear con algunos decorados pintados y algunos efectos de cámara un tanto torpes, pero en conjunto me parece una película muy estimable. Reconozco que la he visto muchas veces y también me he leído la novela homónima de Winston Graham, que es bastante diferente de la versión cinematográfica, pero aún así la adaptación está bien resuelta e incluso el autor estuvo contento con el resultado.
El argumento es ciertamente morboso y bastante osado por los temas que trata teniendo en cuenta la época en que fue rodada. La violación dentro del matrimonio, prostitución, frigidez sexual, etc, no eran temas habituales y este pudo ser uno de los motivos por los que fuera un fracaso de taquilla en EEUU. En Europa si que tuvo relativo éxito, quizás por el mismo motivo (no hay más que ver la publicidad de la película al ser catalogada de "suspense sexual").
Argumento: Marnie, una joven cleptómana, frígida y mentirosa se ve obligada a casarse con su jefe que la ha pillado robándole. A partir de ahí comienza una lucha por averiguar el enigma de Marnie y entender todos sus problemas. Marnie, interpretada por Tippi Hedren, es una típica heroina hitchcoriana: rubía, fría y distante, como le gustaban al señor Hitchcock y del mismo patrón de sus estrellas favoritas, siendo Grace Kelly el mejor ejemplo. Los problemas psicológicos de influencia freudiana son también muy usuales en su filmografía. Así la crítica compara a la protagonista con el personaje de James Steward en Vértigo por las fobias que ambos tienen, o con Janet Leigh en Psicosis, al ser personajes parecidos por ser amigas de lo ajeno y físicamente similares, aunque sexualmente radicalmente diferentes.
A mí me gusta mucho el inicio de la película, muy de Hitchcock creando el suspense sobre un personaje tan volátil y camaleónico con sus robos y cambios de personalidad y del que sabemos por terceras personas. Toda la película gira alrededor de Marnie, que aunque es cierto que puede ser una personalidad poco creíble, crea un halo de misterio, que hace querer averiguar que esconde. Me gusta la fuerza y determinación y al mismo tiempo fragilidad de la protagonista; sus miedos y desarraigo que la hacen ir de un sitio a otro empezando de cero y reinventándose (siempre huyendo, como el título de este blog). Y por supuesto, su elegancia sesentera y altivez misteriosa. Y sobretodo me encanta el personaje de Mark Rutland, ese depredador que está al acecho en busca de su presa, inteligente y tierno, que Sean Connery interpreta magistralmente. También me parece muy atractivo, todo hay que decirlo.
Creo que son personajes complejos, pero complementarios: uno escapa y el otro persigue, pero en el fondo ambos se necesitan. Me parecen muy buenos los diálogos y las luchas dialécticas de los protagonistas, donde se aprecia la química entre ellos. Por ejemplo, en el coche de vuelta a Filadelfia o cuando Mark intenta psicoanalizar a Marnie. Quizás no me atraiga tanto el final, un poco melodramático para mi gusto, pero en cierta manera lógico si se quiere explicar un comportamiento tan extraño y fuera de lo común como es el que presenta el personaje de Marnie.
También destacaría la música de Bernard Herrmann, que le da ese ambiente tan especial a la película, en la que fue su última colaboración con Hitchcock, después de haber creado la música de infinidad de películas de este director. Y también recordar lo que se supone una chapuza de decorado y que ahora los críticos discuten su significado. El puerto que aparece al final de la calle donde vive la madre de Marnie no tiene salida al principio de la película, pero sí al final. Además coincide con el fin de la tormenta y la salida del sol. Quizás hasta los vidas más oscuras y retorcidas tienen esperanza.
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