
Recuerdo la primera vez que vi estos besos. Me quedé fascinada por lo atractivos y sugerentes que eran.
El primero, el beso de Rodin, estaba en un libro de historia, que ojeaba cuando me aburría en clase. Me fascina como Rodin consigue plasmar la pasión en la piedra a través de un beso.
El segundo beso es de Klimt y lo encontré en la portada de un libro. Varias veces detuve la lectura para mirar a esos amantes dorados fundiéndose en un beso. Llama la atención como se derrite ella abrazada por ese ser tosco que la besa con pasión y ternura al mismo tiempo. Parece ser que era el mismo pintor y su amante.
Los pocos segundos que dura el beso suponen una explosión de los sentidos, que harán despertar a la joven dama del letargo impuesto por la sociedad puritana y rígida.
Justamente hace un par de días volví a ver la película después de muchísimos años y la emoción de ese beso, de ese paisaje y de esa música se mantenía intacta.
1 comentario:
El beso de Lucy y George en la campiña italiana es de mis favoritos. Hermoso libro y fantástica adaptación cinematográfica.
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