jueves, 25 de septiembre de 2008

María Pascual

Ver las ilustraciones de María Pascual es volver a mi infancia. Sus inconfundibles dibujos se caracterizan por personajes de rubias y larguísimas melenas, con grandes ojos normalmente azules y sofisticados ropajes.

Poco se sabe de esta genial ilustradora que nació en Barcelona en 1933 y desde muy joven trabajó para la editorial Toray, hoy desaparecida. Ha ilustrado practicamente todos los clásicos infantiles y juveniles en nuestro país. Desafortunadamente es díficil encontrar información sobre ella incluso en internet.

Por suerte todavía guardo algun libro de mi infancia ilustrado por ella y hace poco encontré por casualidad un ejemplar (nuevo) de "El mejor libro de poesía para niños" con sus ilustraciones, que la editorial Susaeta ha recuperado. Espero que cunda el ejemplo y pronto podamos ver los clásicos de toda la vida en las librerías.

En otros países, como los nórdicos, donde hay una larga tradición de literatura infantil, se le da mucha importancia a la ilustración de los cuentos, a la traducción y edición de libros. Los nombres aparecen visibles como un reclamo más a la hora de promocionar los libros. Es bastante triste comprobar que en nuestro país todo esto suele carecer de importancia. Hay muy pocos datos sobre la edición y casi aparecen de tapadillo y en letras minúsculas. Las ediciones comunes de cuentos infantiles suelen ser baratas y de poca calidad pensadas para un consumo masivo en hipermercados. Parece como si los clásicos de toda la vida no existieran si no son versionados por Disney.

Espero que haya más iniciativas en el futuro para recuperar a autores como María Pascual.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Itaca

Gracias a Diógenes hoy he descubierto un poema hermoso que ha conseguido emocionarme. Quizás porque llevo once años a la deriva en el camino a mi propia Itaca, quizás porque he tenido un mal día y me he sentido especialmente triste, el poema ha conseguido hacerme un nudo en el estómago.


ITACA (1911)
Constantin P. Cavafis (1863-1933)

Cuando emprendas el viaje hacia Itaca,
ruega que tu camino sea largo
y rico en aventuras y descubrimientos.

No temas a lestrigones, a cíclopes o al fiero Poseidón;
no los encontrarás en tu camino
si mantienes en alto tu ideal,
si tu cuerpo y alma se conservan puros.

Nunca verás los lestrigones,
los cíclopes o a Poseidón,
si de ti no provienen,
si tu alma no los imagina.

Ruega que tu camino sea largo,
que sean muchas las mañanas de verano,
cuando, con placer, llegues a puertos
que descubras por primera vez.

Ancla en mercados fenicios y compra cosas bellas:
madreperla, coral, ámbar, ébano
y voluptuosos perfumes de todas clases.

Compra todos los aromas sensuales que puedas;
ve a las ciudades egipcias y aprende de los sabios.

Siempre ten a Itaca en tu mente;
llegar allí es tu meta; pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure mucho,
mejor anclar cuando estés viejo.

Pleno con la experiencia del viaje
no esperes la riqueza de Itaca.
Itaca te ha dado un bello viaje.

Sin ella nunca lo hubieras emprendido;
pero no tiene más que ofrecerte,
y si la encuentras pobre, Itaca no te defraudó.

Con la sabiduría ganada, con tanta experiencia,
habrás comprendido lo que las Itacas significan.


Cavafis retoma el tema del regreso de Odiseo (Ulises para los romanos) a su patria, Itaca, que Homero describió en La Odisea. Después de la guerra de Troya, Odiseo se ve inmerso durante diez años en varias aventuras provocadas por los dioses en las que perecen sus compañeros de viaje.